
Antes de empezar es fundamental conocer las características de nuestra propia piel. Esto nos va a ayudar a elegir los productos idoneos para obtener los mejores resultados. Podemos clasificarla según los siguientes tipos: Piel Sensible: Sus síntomas son picor, escozor e incluso descamación. Las personas con piel sensible presentan enrojecimiento de pómulos y barbilla ante los cambios de temperatura. Piel Grasa: Se caracteriza por su intenso brillo y suele derivar en problemas de acné. Es muy común en la adolescencia y juventud. Piel Normal: Cuando no se padece ninguno de los síntomas anteriores se puede decir que se trata de piel normal, la cual no es frecuente debido a los cambios hormonales en la mujer que provocan alteraciones de la piel.
Una vez clasificada nuestra piel, podemos buscar los productos cosméticos más apropiados para nuestro rostro. Empezaremos con un limpiador facial, que se vende en diferentes formatos. Para las pieles sensibles o normales podemos usar el producto en crema, y para pieles grasas es mejor la solución espumosa y con propiedades exfoliantes para eliminar las células muertas. A continuación aplicaremos una crema hidratante que dejará la piel lista para ser maquillada. Espera un tiempo prudencial entre fase y fase para que los cosméticos hagan su efecto. No te olvides de las zonas del cuello que también vayan a ser maquilladas.
Para aplicar la base de maquillaje, seleccionamos una que se ajuste a nuestro tipo de piel. Utilizaremos una base líquida para pieles grasas y en crema o stick para las pieles sensibles. Las mejores bases son las de larga duración, para evitar tener que estar pendiente de retocarla cada vez que nuestra piel roce con algo. La base de maquillaje es uno de los cosméticos que más contribuyen a tu buen aspecto. Es como el lienzo sobre el que pintar, además cubre imperfecciones, proporcionando un acabado liso y aterciopelado y ¡la protege frente al medio ambiente! Elige el tono que armonice con lo claro u oscuro de tu cutis y, dentro de esta gama, los que se adapten mejor al matiz de fondo de tu piel, que puede ser más bien rosada o tirando a amarilla. "Se debe utilizar siempre tanto fondo de maquillaje como polvos en tonos amarillos. La razón estriba en que el 90% de las mujeres tienen un cutis que tiende hacia el amarillo y no hacia el rosa, como se cree. Si la base no es del mismo color que la propia piel, el efecto no es natural".
Si bien, muchos recomiendan que la base sea del mismo tono que el de nuestro rostro; creemos que es mejor usar un tono menor al que poseemos, puesto que así podremos aplicar una mayor cantidad en las zonas que deseamos cubrir, por ejemplo, los indeseables granitos de acné o las ojeras; sin que se note un cambio de color. Si bien para ocultar estos problemillas existen correctores (bases en forma de labial), es más sencillo ocultarlos con la misma base puesto que es dificil hacer coincidir el tono del corrector con el de la base y el de estos dos con el de nuestra piel, y lo que finalmente tendremos serían zonas más oscuras que otras, generando una mancha mayor a la que ya poseíamos. La base se debe aplicar al rostro con esponjitas destinadas exclusivamente para esta función. Para empezar empapamos ligeramente la espoja en la base maquilladora y difuminamos el producto por el rostro, sin utilizar los dedos. Comenzaremos primero por la frentre, luego la nariz, seguimos por las mejillas y barbilla y se termina por el cuello. Una vez que tenemos la primera capa de base extendida por el rostro, podemos retocar las zonas con la esponjilla y los dedos sólo en zonas problemáticas; para ocultarlas y mostrar un rostro perfectamente simétrico. Hay que dejar que la base actúe un tiempo prudencial y se asiente sobre nuestra piel, dejando para terminar los polvos,que conseguirán la fusión con el color de la piel. No se debe intentar igualar el color resultante con el de la piel a costa de usar más base de maquillaje, ya que anularemos su buen funcionamiento ocultando impurezas y aumentará la dureza del rostro.
Consulta el apartado dedicado especialmente al maquillaje de los ojos AQUÍ.
Los labios influyen en gran medida en la imagen final que vas a proyectar: sensual, tierna, elegante.. El color que usemos debe combinar con el color de las sombras de los ojos, por ejemplo, si has utilizado colores llamativos para la sombra de los ojos, los labios deben llevar un color igual de llamativo.. si has usado sombras oscuras el color de labios deberá ser igualmente oscuro. Aplicamos una pequeña cantidad de pintalabios en el labio inferior, luego cerramos la boca suavemente para volverla abrir y haremos que el color se reparta por los dos labios, retocamos los bordes y terminamos de extender el producto, y reafirmamos el color, finalmente aplicamos brillo labial encima para dar un sensación de humedad. Para labios gruesos o bocas grandes no uses brillo, si tienes labios finos o boca pequeña es recomendable.
Como paso final llega la aplicación de los polvos, usando el tono que prefieras aunque es preferible el tono de la propia piel. Para su aplicación seguimos el mismo orden que con la base de maquillaje y usamos una esponjita (nunca con brocha), así conseguimos ocultar los retoques hechos con la base anteriormente, dejando la piel uniforme y homogénea.
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